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Cáncer de riñón: una enfermedad que ataca en silencio

Por lo general, no presenta síntomas en etapas iniciales, por lo que es clave conocer los principales factores de riesgo y las formas de detectarlo para un diagnóstico precoz y tratamiento oportuno.

Autoría: Filial Uro-Oncología SCHU

La incidencia del cáncer renal ha ido en aumento en los últimos años. Este tipo de tumores corresponde a alrededor del 4% de los cánceres en adultos. 

El cáncer es un crecimiento descontrolado de células anormales en algún órgano, que pueden invadir estructuras cercanas y tienen el potencial de viajar a otras partes del cuerpo y continuar su propagación. Sin embargo, el cáncer renal puede ser de distintos tipos, siendo el más común en adultos el llamado Carcinoma de células renales. La edad típica de diagnóstico es alrededor de los 65 años. Y si bien es una enfermedad potencialmente mortal, un buen número de ellos se descubren en etapas iniciales, por lo que el diagnóstico precoz resulta esencial para mejorar el pronóstico.

Principales síntomas

Por lo general, el cáncer de riñón es asintomático y es descubierto por casualidad mediante exámenes de imágenes que fueron solicitados por otra razón o que fueron realizados dentro de algún chequeo preventivo, como ecografías o tomografías (scanner). 

Los síntomas posibles son:

  • La hematuria (sangre en la orina)
  • Dolor “pesado” y persistente en la zona lumbar o abdominal
  • Masa palpable en la misma zona del riñón
  • Baja de peso significativa no explicada por otra razón
  • Decaimiento o fiebre sin causa aparente

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo para el desarrollo del cáncer renal son:

  • Tabaquismo
  • Obesidad
  • Hipertensión arterial. 
  • También se asocia a enfermedades hereditarias (familiares) y exposición prolongada a contaminantes ambientales como el tricloroetileno. 

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza principalmente mediante imágenes, como la ecografía, el scanner o tomografía axial computada (TAC), o la resonancia nuclear magnética. Las distintas imágenes permiten detectar tumores, definir las características y posibilidad de malignidad, determinar la extensión local y a distancia (metástasis) y planificar un eventual tratamiento. Los estudios de laboratorio también son de utilidad para ver el estado general del paciente y planificar tratamientos a futuro. Un urólogo debe ser el encargado de guiar y completar el diagnóstico adecuado.

El tratamiento dependerá de varios factores, incluyendo el tamaño y características del tumor, su ubicación, contacto o invasión de estructuras cercanas, diseminación a distancia y condición general del paciente. La cirugía suele ser el estándar de tratamiento, que suele ser mínimamente invasiva, a través de laparoscópica o robótica. El objetivo será, en la medida de lo posible, preservar la mayor parte del riñón afectado. Si las características del tumor no lo permiten, la nefrectomía radical (extirpar el riñón completo) será el tratamiento de elección. 

En etapas más avanzadas, pueden requerirse tratamientos con inmunoterapia o terapias sistémicas dirigidas (drogas antineoplásicas) con o sin cirugía, dependiendo del caso. En esta etapa, habitualmente se realiza una biopsia confirmatoria por punción, antes de seleccionar el tratamiento sistémico específico.

Los tratamientos del cáncer renal están en constante evolución y han mejorado sustancialmente en las últimas décadas, mejorando mucho la sobrevida de los pacientes, incluso con enfermedades avanzadas.

Cobertura GES

El cáncer renal en Chile está incluido entre las enfermedades cubiertas por las Garantías Explícitas de Salud (GES), pudiendo notificarse el caso ante la presencia de una imagen compatible con un tumor renal. Esto le otorga al paciente ciertos beneficios que determinan un plazo determinado para ser operado, o que garantizan el acceso a algunos otros tratamientos que forman parte del manejo de esta enfermedad.

Por lo anterior, se recomienda solicitar imágenes de pesquisa en los controles de salud del adulto, por ejemplo, una ecotomografía abdominal, pudiendo posteriormente complementarse con una tomografía computada o, eventualmente, una resonancia magnética. Así, se logra diagnosticar el cáncer renal en etapas iniciales asintomáticas, lo que generalmente se asocia a excelentes resultados de tratamiento. 

No olvides entonces que, seguir un estilo de vida saludable, mantener un peso adecuado, no fumar y controlar la presión arterial, son medidas que pueden disminuir la posibilidad de tener un cáncer de riñón.